lunes, 2 de febrero de 2026

 

CUANDO EL AJUSTE GOBIERNA Y LA POLITICA CALLA


Por Gustavo Restivo


Hay gobiernos que caen por corrupción, otros por incapacidad y algunos —los más peligrosos— por olvidar para qué gobiernan. Córdoba hoy no está frente a una crisis institucional ni ante un colapso económico inmediato. Está ante algo más silencioso y más profundo: el riesgo de administrar bien y conducir mal.


Martín Llaryora gobierna con orden, con disciplina fiscal y con control del sistema político. Tiene Presupuesto aprobado, mayoría legislativa y estructura territorial. Pero la política no se mide solo por la prolijidad de las cuentas. Se mide también por el vínculo que el poder mantiene con su gente. Y ese vínculo empieza a mostrar fisuras.


La provincia ajusta porque el país ajusta. Ajusta porque la Nación se retira. ¿Será porque hay recesión apretando? Lo que sí empieza a ser un problema es que el ajuste se aplique sin relato, sin horizonte y sin una explicación política que convoque.


El conflicto no es el problema, es el mensaje


Las marchas de los gremios estatales no son una conspiración ni una anomalía. Son un mensaje. Docentes, empleados públicos, judiciales y jubilados no protestan solo por salarios o aportes previsionales. Protestan porque sienten que el contrato histórico con el Estado se está rompiendo.


El peronismo cordobés construyó su hegemonía combinando orden fiscal con estabilidad social. No fue un modelo revolucionario, pero fue previsible. Hoy ese equilibrio se altera. El ajuste previsional, el diferimiento jubilatorio y la presión sobre la salud pública exponen algo más profundo: una crisis de representación.


La política suele cometer un error clásico: creer que los conflictos se resuelven solo con números. Pero los números ordenan, no convencen. Y sin convencimiento, la legitimidad se erosiona lentamente, hasta que un día ya no alcanza con gobernar bien.



Milei no avanza solo: avanza porque alguien deja espacio


Mientras Córdoba ajusta en silencio, Javier Milei grita. Y en política, el que grita primero no siempre tiene razón, pero suele quedarse con la escena. Milei no crece solo por sus aciertos; crece porque expresa un malestar que otros no interpretan.


Su discurso es brutal, pero simple: el Estado es el problema, el ajuste es la solución, el sacrificio es virtud. Cuando un gobierno provincial aplica ajuste sin explicar por qué, termina legitimando la lógica de su adversario.


Esta es la paradoja: Córdoba ajusta para sobrevivir, pero al hacerlo sin narrativa fortalece culturalmente al mileísmo. No se trata solo de votos, se trata de sentido común. Y cuando el sentido común cambia, la política llega tarde.


Gobernar no es solo administrar


La política no puede resignarse a ser contabilidad. Gobernar no es cerrar planillas: es conducir expectativas, ordenar conflictos y ofrecer futuro. Cuando la gestión se vuelve puramente técnica, la sociedad empieza a buscar respuestas en discursos extremos.


El riesgo no es perder una elección en 2027. El riesgo es más profundo: perder el alma del proyecto político. Porque cuando un gobierno deja de explicar, deja de escuchar y deja de convocar, otros ocupan ese vacío. Y no siempre con mejores ideas.


Llaryora todavía tiene tiempo. Tiene estructura, liderazgo y ventaja electoral. Pero ninguna hegemonía es eterna si se desconecta de su base social. El conflicto gremial no es una amenaza en sí mismo; es una señal de alerta. Ignorarla sería un error histórico.


2027 no será una elección más


La próxima elección no se jugará solo entre nombres. Se jugará entre modelos culturales. Entre una política que administra la escasez sin relato y otra que promete romper todo sin hacerse cargo de nada.


Si el ajuste continúa sin sentido colectivo, la elección se convertirá en un plebiscito. No sobre una gestión, sino sobre una forma de hacer política. Y cuando eso ocurre, el resultado nunca es neutral.


Recuperar la palabra


La política nació para darle sentido al conflicto, no para esconderlo. Córdoba necesita hoy más política, no menos. Más palabra, no solo más técnica. Más conducción, no solo más orden.


Porque cuando la política calla, otros gritan.

Y cuando otros gritan, la democracia se empobrece.


jueves, 22 de enero de 2026

 

       SAN MARTÍN RECONOCE A ROSAS



Mañana 23 de enero se cumplen 182 años del Testamento suscripto por el Capitán de los Andes, quien en el mismo establece un legado con respecto a su sable  que lo acompañó durante toda la gesta libertadora, disponiendo que "le será entregado al General dela Republica Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas", dando el motivo que lo impulsó a hacerlo: "como una prueba de la satisfacion, qe. como Argentino he tenido al ver la firmeza con qe. ha sostenido el honor de la Republica contra las injustas pretenciones de los Extranjeros qe. tratában de Umillarla".

Merecido y notable galardón que nos debe hacer reflexionar sobre las infamias y la distorsión historiográfica de la que fuera víctima el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, cuya obra y figura debe ser valorizada y apreciada en su justa medida. 

domingo, 28 de diciembre de 2025

 SOMOS TODOS HERMANOS


Fuente: Cadena 3 


La Iglesia de Córdoba emitió un duro comunicado sobre el proyecto de ley, impulsado por el Gobierno provincial, que busca modificar el Código de Convivencia y que está por ser debatido en la Unicameral.


El texto, difundido por la Pastoral Social, se pregunta si éste es el mejor momento del año para tratar esa iniciativa, que busca prohibir la actividad de los denominados “naranjitas” y “cuidacoches”, al mismo tiempo que plantea la necesidad de un diálogo y de la búsqueda de alternativas.



Por un Código de Convivencia donde haya lugar para TODOS


Buscando superar la mala costumbre del "entre gallos y medianoche" queremos compartir una reflexión en torno a las modificaciones del Código de Convivencia provincial que próximamente serán tratadas en la Legislatura.


Creemos que se trata de un tema que requiere diálogo y participación de todos los sectores involucrados y de las distintas cuestiones a tratar, con el objetivo de encontrar caminos que sean superadores de las antinomias y polémicas que han generado algunas de las iniciativas planteadas en y para cambiar esa legislación.


Nos preguntamos si éste es el momento y la forma adecuados para dar el debate, en contexto de fin de año, cuando muchas personas están cerrando etapas, con el peso de todo lo transcurrido en un año difícil.


El apuro con que se ha planteado este debate no se corresponde con la gravedad de la problemática. En cuestiones que afectan a tantas personas, resulta fundamental generar espacios reales de escucha, para, luego, legislar buscando verdadera y sabiamente el bien común.


Sabemos que temas como los que involucran a las personas denominadas "cuidacoches" y "limpiavidrios", y la siempre polémica tipología legal conocida como "merodeo", son profundamente controversiales. En muchos casos existen excesos, extorsiones, delitos y terceros que se benefician de estas situaciones. Pero también es cierto que, para muchísimas personas, ésta es su única forma de subsistencia y realizan su trabajo con responsabilidad y buen trato.



Por eso nos preguntamos:


- ¿Qué oportunidades les vamos a ofrecer a trabajadores que nadie reconoce?


- ¿Qué hacemos con quienes hoy trabajan en la calle mientras se capacitan o buscan un empleo digno?


- ¿No podemos encontrar alternativas ordenadas, basadas en el respeto y la responsabilidad?


- ¿Cómo abordamos de manera integral las problemáticas de las adicciones y la falta de vivienda?


- ¿Logramos insertar o reinsertar a quienes tienen procesos penales?


- ¿No generamos resentimiento y bronca cuando se producen detenciones por “portación de rostro” o cuando se criminaliza a quienes se movilizan en moto porque no tienen otra forma de ir a trabajar?


- ¿De verdad se cree que quienes se amparan en el trabajo de "cuidacoches" o "limpiavidrios" para cometer delitos o financiar adicciones van a dejar de hacerlo sólo por recibir multas, días de cárcel o trabajos comunitarios?


- ¿Se cree, de verdad, que estas medidas realmente ayudarán a encauzar las situaciones problemáticas o se las impulsa, simplemente, para tapar el problema?


El viernes pasado, nuestro arzobispo, Ángel Rossi S.J., en el marco de la presentación del libro “Nadie se salva solo”, sobre el abordaje de las adicciones, compartió una experiencia vivida durante una visita del fallecido papa San Juan Pablo II a la ciudad de Santo Domingo, en República Dominicana, donde pudo ver el llamado “muro de la vergüenza”, construido para tapar a los sectores más pobres. Este testimonio nos interpela profundamente: no se trata de esconder la pobreza, sino de generar trabajo registrado, promover la inclusión y brindar oportunidades reales para ir derribando esos muros.


Ante problemáticas tan complejas, no existen soluciones mágicas. Es necesaria una construcción colectiva, donde el verdadero diálogo sea el protagonista.


Que Jesús, rostro misericordioso del Padre, ilumine nuestro camino y fortalezca nuestro compromiso con los más necesitados.

sábado, 15 de noviembre de 2025

 BRASIL INAUGURÓ LA ESTATUA DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Fuente: LaVoz, 15 de noviembre de 2025

                           Impactante. Más alta que el Cristo Redentor.Mide 54 metros y se encuentra en Crato.

Brasil inauguró este viernes una estatua de Nuestra Señora de Fátima con 54 metros de altura en la comunidad de Ceará.

La obra supera al Cristo Redentor, monumento que mide más de 30 metros.

La inauguración tuvo lugar en Crato, municipio del estado de Ceará, y concentró la atención nacional e internacional.

La estatua se levantó en el Jardín de Nuestra Señora de Fátima.

Según reportes, se trata del monumento mariano más grande a nivel mundial.

Su finalización e inauguración formó parte de las celebraciones del Jubileo de la Esperanza 2025.

El evento contó con la presencia de figuras de la Iglesia y del Gobierno de Brasil.

viernes, 22 de agosto de 2025

 

San Martín, el exilio y la eternidad


Cortesía de la Revista Digital "Tiempo Ciudadano"

En la memoria colectiva de América, José de San Martín cabalga siempre joven, sable en mano, cruzando los Andes en un acto de audacia que bordea lo imposible. Sin embargo, la historia –esa que se escribe con tinta y carne– también nos lo muestra como un hombre que, al culminar su empresa libertadora, debió retirarse, incomprendido, hacia un exilio tan largo como su sombra. Mañana, en el aniversario de su paso a la inmortalidad, vale la pena recordar no sólo al héroe, sino al hombre que vivió sus últimos días lejos de la patria que ayudó a forjar.

La poscampaña libertadora fue para San Martín un tiempo de silencios y desencantos. Había cruzado montañas, derrotado ejércitos y liberado naciones, pero al regresar a Buenos Aires encontró un clima político enrarecido, un país desgarrado por facciones y pasiones mezquinas. Las intrigas, las suspicacias y las ambiciones personales lo cercaban. Él, que había renunciado al poder después del célebre encuentro con Bolívar en Guayaquil, prefirió no disputar el escenario a quienes se peleaban por las sobras de la gloria. Había aprendido que en política no siempre ganan los que tienen razón, sino los que saben administrar la intriga.

En 1824, con la guerra civil amenazando y sin encontrar un lugar donde servir sin ser blanco de acusaciones, San Martín tomó una decisión drástica: partir. Primero, rumbo a Montevideo; luego, a Europa. No fue una fuga cobarde, sino un acto de dignidad. No quería convertirse en caudillo de una facción ni ver su nombre usado para justificar fratricidios. El mismo hombre que había dado la independencia a medio continente decidió, en un gesto estoico, apartarse de la lucha interna y callar.

Su exilio fue, al principio, una peregrinación de incertidumbres. Pasó por Londres, por Bruselas y finalmente se instaló en París. La vida en Europa no era la de un triunfador coronado por laureles. Vivía modestamente, administrando con cuidado una pequeña pensión y los recursos que le quedaban, mientras la salud empezaba a recordarle que los años de campaña habían dejado huella. Y siempre, junto a él, su hija Mercedes, “Mercedita”, la razón más íntima de sus desvelos.

San Martín no fue un padre distante. Al contrario, en esa intimidad que pocos conocen, se entregó con ternura y disciplina a la formación de Mercedita. Le enseñaba historia, literatura, idiomas; la instruía en las virtudes del honor y la discreción. En sus cartas, conservadas con celo, se advierte un hombre preocupado por el bienestar moral e intelectual de su hija, un padre que buscaba darle herramientas para enfrentar un mundo que podía ser cruel con las mujeres.

El ostracismo, sin embargo, no significó aislamiento total. San Martín mantenía correspondencia con amigos, seguía de cerca las noticias de América y escribía reflexiones políticas que rara vez hacía públicas. Sus ojos, cada vez más enfermos, lo obligaban a leer con esfuerzo; sus manos, ya con temblor, seguían firmando cartas con la misma pulcritud de antaño. El reconocimiento internacional llegaba desde lejos: Perú, Chile y hasta gobiernos europeos lo saludaban como libertador, mientras en su propia tierra la memoria oficial todavía era tibia.

En 1848, cuando las revoluciones estallaron en París, se trasladó a Boulogne-sur-Mer, una pequeña ciudad costera de Francia, buscando calma y un aire más saludable. Allí, su rutina se volvió la de un anciano retirado: paseos cortos, lecturas, el cuidado de su jardín, las charlas con Mercedita y su yerno Mariano Balcarce. En esa sencillez encontró una paz discreta, lejos de las aclamaciones y de las batallas.

Pero el hombre que había soportado tormentas no dejó de cargar con la nostalgia. En más de una ocasión intentó regresar a Argentina. Lo frenaban no sólo sus achaques de salud, sino el temor de volver a encontrarse con el mismo clima político que lo había expulsado. En una carta confesó que prefería morir lejos antes que ver “la patria envuelta en la guerra civil” y no poder hacer nada para evitarlo.

Sus últimos días fueron de serenidad. El 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde, se apagó en su casa de Boulogne-sur-Mer. Tenía 72 años. Mercedita, que nunca lo abandonó, fue quien cerró sus ojos. En el silencio de esa habitación no hubo cañones ni desfiles, pero sí la certeza de una vida dedicada a una causa mayor que uno mismo.

San Martín dejó tras de sí no sólo la leyenda del Libertador, sino el ejemplo de un hombre que supo renunciar al poder para no traicionar sus principios. Su exilio no fue derrota, sino coherencia; su vejez, una lección de modestia; su paternidad, un acto de amor. Mañana, cuando el calendario recuerde su paso a la eternidad, conviene evocarlo no sólo como el titán de los Andes, sino como el padre paciente, el ciudadano íntegro y el hombre que, incluso lejos, siguió perteneciendo a la patria.

viernes, 25 de julio de 2025

 


"La justicia social no es un tema negociable en la doctrina católica"

Religión Digital

18.07.2025 |

La justicia social, en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), es un elemento doctrinal fundamental que brota de la fe en la dignidad trascendente de la persona humana y se orienta al bien común. No se trata solo de una opción pastoral ni de una postura ideológica, sino que brota primero de la reflexión y la doctrina católica elaborada por el Magisterio de la Iglesia en la historia reciente, pero que tiene su origen en la mismísima Sagrada Escritura.

A diferencia de la justicia conmutativa (que regula los intercambios entre individuos) o de la justicia distributiva (que procura una repartición equitativa de bienes y cargas), la justicia social aborda las estructuras de la sociedad, sus instituciones económicas, políticas y culturales. Tiene como finalidad asegurar que cada persona y cada asociación reciban lo que les es debido según su naturaleza y vocación (Catecismo de la Iglesia Católica, 1928).

Este principio, reafirmado por el Magisterio desde Rerum Novarum hasta Fratelli Tutti, impone deberes concretos a todos los actores sociales: empleadores, trabajadores, legisladores, ciudadanos, e incluso a los Estados y la comunidad internacional. Como afirma Divini Redemptoris, solo una sociedad que garantiza los medios necesarios para una vida digna —un salario justo, acceso al patrimonio, sistemas de protección frente a la vejez, enfermedad o desempleo— puede considerarse ordenada al bien común.

Además, la justicia social denuncia como escandalosas las desigualdades excesivas que contradicen la igualdad esencial entre todos los seres humanos, creados a imagen de Dios y llamados a una misma comunión. Por eso, la Iglesia enseña que la justicia social exige la superación de toda discriminación estructural, la defensa activa de los derechos fundamentales y la promoción de condiciones equitativas de participación y desarrollo humano integral (cf. Gaudium et Spes 29; Catecismo de la Iglesia Católica 1935-1938).

La justicia social es también una forma concreta del amor al prójimo encarnado en las estructuras sociales. Supone ver en el otro un “otro yo” (cf. GS 27), y organizar la sociedad no desde la lógica del privilegio o del mercado sin alma, sino desde la fraternidad, la solidaridad y la opción preferencial por los pobres.

Por eso, la justicia social no es un tema negociable en la doctrina católica. Es parte constitutiva de la evangelización, de la misión y del testimonio de la Iglesia en el mundo. Allí donde se vulnera, o malinterpreta, la Iglesia está llamada no solo a prestar asistencia y sabiduría, sino a transformar estructuras injustas, denunciarlas proféticamente y proponer modelos alternativos inspirados en el Evangelio.

Desarrollo Histórico del Concepto

El camino hacia la plena articulación del concepto de justicia social ha sido un proceso evolutivo fuera y dentro de la DSI.

Aunque la expresión “justicia social” no existía en la Escolástica clásica, sus raíces se encuentran en Santo Tomás de Aquino, quien, al reinterpretar la justicia aristotélica, desarrolló la justicia legal o general, orientada directamente al bien común como fin de la vida social.

El término “justicia social” apareció en el siglo XIX en el neotomismo, donde se definió como aquello que se debe a cada persona por el solo hecho de ser humana, más allá de su posición social. Esta noción buscaba responder a los desafíos del liberalismo y del estado moderno.

A pesar de las reticencias iniciales, el concepto fue asumido y desarrollado por destacados católicos sociales franceses y alemanes. Terminó siendo acogido oficialmente en el Magisterio de la Iglesia, consolidándose como un eje central de la Doctrina Social: 

Pío XI y Quadragesimo Anno (1931): El concepto de justicia social fue formalmente introducido en el Magisterio de la Iglesia por el Papa Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno. La encíclica establece que una “Ley de justicia social” debe regir cualquier modelo económico, prohibiendo que una clase sea excluida de la participación de los beneficios y asegurando que las riquezas sean repartidas de manera que se salve la utilidad común. Destaca que el mundo del trabajo es el principal campo de aplicación de esta ley, siendo el salario justo uno de sus instrumentos esenciales, considerando la dimensión personal y social del trabajo. Además, Pío XI afirmó que las instituciones públicas y el Estado tienen un papel insustituible en adaptar la sociedad a las exigencias del bien común, siempre en colaboración con empresas y la sociedad civil.

El Concilio Vaticano II y Gaudium et Spes (1965): dio dos fundamentos teológicos cruciales a la justicia social:

La dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios y redimida por Cristo, exige que se supere y elimine cualquier forma de discriminación (sexo, raza, color, condición social, lengua, religión) que sea contraria al plan divino.

El destino universal de los bienes, que implica que los bienes creados deben llegar equitativamente a todos, según la justicia y la caridad. El Concilio también hizo un llamado a la creación de organismos dentro de la Iglesia para promover el progreso y la justicia social entre las naciones, lo que llevó a la creación de la Comisión de Justicia y Paz.

Pablo VI y Populorum Progressio (1967): amplió la aplicación de la justicia social a las relaciones comerciales internacionales. Argumentó que la regla del libre comercio no puede regir por sí sola las relaciones internacionales cuando las partes no se encuentran en condiciones de poder económico iguales, ya que los precios que se forman libremente pueden llevar a resultados no equitativos. En este sentido, la encíclica subraya que el libre comercio solo es equitativo si está sometido a las exigencias de la justicia social, abogando por convenciones internacionales para regular precios y garantizar producciones, promoviendo una cierta igualdad de oportunidades. Además, identificó el nacionalismo y el racismo como obstáculos a la solidaridad universal y a la formación de un mundo más justo.

Juan Pablo II: mantuvo la justicia social como un eje de la DSI, identificando la “cuestión social” con la justicia social y vinculándola a las estructuras de pecado. Priorizó el trabajo humano y la lucha por los derechos laborales, defendiendo la primacía del trabajo sobre el capital y el papel de los sindicatos.

Benedicto XVI en Caritas in veritate reafirmó la importancia de la justicia distributiva y social para la economía de mercado, enfatizando que el primer capital a salvaguardar es el hombre, la persona en su integridad. También destacó cómo la globalización puede afectar los derechos de los trabajadores y la solidaridad en el Estado social.

Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (Medellín, Puebla, Aparecida) han contextualizado y ampliado el concepto, denunciando la miseria como injusticia, integrando la justicia social como un derecho social en la evangelización, y destacando la importancia de que las obras de misericordia estén acompañadas por la búsqueda de una verdadera justicia social. Aparecida amplió el concepto para incluir a nuevos pobres y la necesidad de reconocimiento de grupos discriminados por etnia, género, y cultura, afirmando que la injusticia social no se reduce a la redistribución económica, sino que también implica el reconocimiento de las diversidades.

Francisco ha continuado esta línea, enfatizando en Evangelii Gaudium que nadie puede sentirse eximido de la preocupación por los pobres y la justicia social. En Laudato Si', introdujo la justicia socioambiental, señalando que un verdadero enfoque ecológico debe integrar la justicia en los debates sobre el medio ambiente, escuchando “tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” y considerando la justicia intergeneracional. En Fratelli Tutti, relacionó la caridad con la transformación institucional de la historia y la necesidad de la justicia social para la ciudadanía política. Finalmente, en Dilexit Nos, subraya el sentido social de la reparación, llamando a construir una “civilización del amor”. Siguió a Juan Pablo II en la necesidad de combatir las “estructuras de pecado" y la “alienación social” que impiden la solidaridad. Insiste en que la misión cristiana implica derramar el bien y servir a los demás, especialmente a los más pobres, como una manifestación del amor de Cristo.

Conclusión

La justicia social es un deber de todos los miembros de la sociedad y una exigencia ineludible del orden moral y de la fraternidad humana y cristiana. Las excesivas desigualdades económicas y sociales son escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional.

Lejos de ser un ideal, la justicia social exige una actividad intensa que madura en la tranquilidad del orden, demostrando la importancia de la acción del Estado y de los diferentes organismos sociales. 

Supone un esfuerzo constante en favor de un orden social más justo, donde los conflictos se resuelvan mediante el diálogo, la organización comunitaria y la solidaridad. La promoción de la justicia social es una parte intrínseca de la misión de la Iglesia, que busca desarrollar, desde la fe en Cristo y su doctrina, los valores sociales necesarios para que las estructuras sean realmente más justas y equitativas.

El mundo hoy aparece marcado por intereses mezquinos, divulgados por famosos, acaudalados empresarios y hasta políticos de las más altas esferas de la organización civil. Desde esta perspectiva, la justicia social se ve más atacada que nunca.

En este contexto, la solidaridad y la fraternidad son fundamentales para superar una visión limitada o malintencionada de la justicia. Se tratará entonces de construir sí una sociedad que asegure la dignidad humana, la salud y el bienestar espiritual para todos. Esto requiere adhesión de fe, esto es doctrina. 

miércoles, 14 de mayo de 2025

 AUTORIDAD POLÍTICA E IDEOLOGÍAS



Invitamos muy especialmente al Ciclo 2025 "Análisis de las Ideologías" del Centro de Estudios Cívicos Fabiela Meneghini. Las entregas también pueden visualizarse en el blog del "Foro Azul y Blanco" ( https://foroazulyblanco.blogspot.com/2025/05/video_13.html) y en el Canal de YouTube 

https://www.youtube.com/watch?v=JUDB3OMEqyQ