martes, 25 de marzo de 2025

 MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA

Por Mario Meneghini.-


Con motivo del feriado del lunes próximo (*), nos parece interesante profundizar con la mayor objetividad posible, en los fundamentos de dicho feriado; habitualmente se considera que es una manera de defender nuestro sistema institucional, y procurar que no se repitan nunca más los golpes de Estado.


Sin embargo, el feriado fue establecido en el 2002, por Ley 25.683, cuyo artículo 1º establece: “Institúyase el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha del año 1976.”



Consideramos que, en realidad, según esa frase, la memoria resulta incompleta, la verdad distorsionada, la justicia parcial. Además, la frase misma fue tomada del lema de las Madres de Plaza de Mayo, que defienden la actuación de sus hijos, que iniciaron el conflicto.


El 24 de marzo, la sociedad argentina estaba al borde de la desintegración, con un sector público anarquizado y que había perdido el monopolio del uso de la fuerza. Todos los mecanismos constitucionales y todos los matices y las combinaciones imaginables dentro del sistema vigente se habían mostrado ineptos para revertir aquella carrera hacia la disolución. Además, el derrocamiento del gobierno fue consentido por parte de la dirigencia de aquellos momentos. Como resume una crónica periodística: Nadie alzó un dedo, siquiera una voz; se vivió una jornada de sugestiva normalidad, sin quejas por esa interrupción. Más bien, era admitida y hasta querida por imposibilidad de modificar la sistemática incompetencia de un gobierno.



El gobierno constitucional, en 1975, encomendó a las Fuerzas Armadas la represión de la actividad guerrillera. Al inicio de 1976, había dos generales en actividad a cargo, respectivamente, de la Policía federal y de la SIDE (Secretaría de Informaciones del Estado). Si se dio el paso siguiente -asumir el gobierno- fue por la convicción de que era la única manera de terminar con el caos y vencer a la subversión.


Por cierto que no puede avalarse el método utilizado para combatir a los grupos subversivos que actuaron en la década de 1970, pero, tanto el accionar terrorista como la represión ilegal ya existían antes del cambio de gobierno. Hubo 908 desaparecidos antes del 24-3-76, y la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha antiterrorista fue dispuesta en 1975 por un gobierno constitucional.



Las Fuerzas Armadas cumplieron la misión encomendada: aniquilaron el accionar de los grupos subversivos; es decir, lograron un éxito militar. Pero el método elegido para la guerra convirtió a los terroristas en víctimas.


Así lo reconoce el General Harguindeguy, ministro del Interior del Proceso: “ganamos la guerra pero perdimos la paz”. Lo ocurrido queda bien reflejado en una frase de Jacobo Timerman:


“La guerrilla…no pudo competir. Y, sin embargo, no fue derrotada en el terreno ideológico, moral, porque sigue esgrimiendo la irracionalidad de la represión, el abuso de poder, la ilegalidad de los métodos. Y ésa es su carta de triunfo (…)”.


Ni siguiera puede argumentarse que debieron utilizarse procedimientos especiales, propios de la situación de guerra, puesto que se eludió deliberadamente el encuadramiento del oponente como combatiente. Así queda de manifiesto en el reglamento RC-8-3: “El activista, el perturbador del orden, etc., no será considerado prisionero de guerra, y, por tal motivo, no tendrá derecho al tratamiento estipulado en las convenciones internacionales (pag. 93)”.



En el documental “Escuadrones de la muerte. Escuela Francesa”, realizado por la periodista Marie-Monique Robin, el General Díaz Bessone admitió los procedimientos clandestinos, y consideró que en la guerra contrarrevolucionaria los desaparecidos y las ejecuciones extralegales son daños colaterales.



La metodología empleada fue adoptada de la escuela francesa, cometiendo el error de seguir recetas que, en realidad, ya habían fracasado en Argelia y en Vietnam, países donde terminó triunfando políticamente el enemigo subversivo. Se desconoció que la estrategia de una guerra interna excede el plano militar, y debe apuntar al objetivo político de lograr la paz y asegurar la convivencia entre los ciudadanos.


Especialmente en el caso de una guerra revolucionaria, lo importante no es tanto la derrota del enemigo como la restauración de la confianza de la población, para lo cual deben evitarse los excesos de violencia o reacciones incontroladas en la represión, que sólo sirven para impedir o dilatar la reconciliación y la concordia. Estas reflexiones pertenecen a un libro publicado en 1970 por el Círculo Militar, y lamentablemente no fueron tenidas en cuenta.


El hecho de que se haya procedido siguiendo directivas gubernamentales, y aplicando reglamentos que configuraban un derecho positivo, no altera la cuestión de fondo: la ley si es injusta, no parece que sea ley (San Agustín).


“La justicia que no resiste la publicidad no es justicia, y entonces no limpia la ofensa al bien común, sino que lo ensucia con demostraciones de falta de autoridad, de responsabilidad, de razones y de coraje cívico”. “No conocemos un solo argumento válido, ni moral ni estratégicamente, para justificar ejecuciones clandestinas” (Gelonch Villarino).



No puede negarse que la violencia que enlutó al país, fue iniciada por grupos guerrilleros que, desde el 24-3-1976, asesinaron a 711 personas, y por lo tanto el Estado tenía la obligación de actuar contra dichos grupos con el máximo rigor. Por eso debe distinguirse entre la lucha contra la guerrilla, que estuvo legalmente ordenada y moralmente justificada, de los métodos empleados en esa lucha.


Las autoridades estatales aceptaron el argumento perverso de que en una guerra antisubversiva el fin justifica los medios, no pudiendo evitarse acciones que en tiempos normales constituyen delitos.


La doctrina clásica de la guerra, por el contrario, enseña que en la misma es posible ser eficaz y santo. Los principios contenidos en la escuela hispánica, que tuvo su mayor exponente en el P. Francisco de Vitoria, son aplicables a la realidad contemporánea.


En conclusión, debería reformularse el motivo del feriado que analizamos, procurando destacar la vigencia de la Constitución, y que se establezcan remedios institucionales ante situaciones complejas de enfrentamientos partidarios que dificulten el consenso y la paz social.


(*) Artículo escrito la semana anterior al 24 de marzo de 2025.

domingo, 2 de marzo de 2025

 

EL SIGNIFICADO DE LA JUSTICIA SOCIAL

La justicia social no es una nueva e independiente especie de justicia, sino una nueva expresión que comprende la justicia legal y la distributiva.

Por Mario Meneghini (*)

Publicado en LaVoz.com, 1 de marzo de 2025,

Desde hace un tiempo se escuchan críticas acerbas al concepto de justicia social; el propio presidente Javier Milei la considera una aberración que propicia el trato desigual frente a la ley. También la presidenta de la Comunidad de Madrid, quien sostiene que la justicia social es un invento de la izquierda que promueve la cultura de la envidia.

En la Cámara de Diputados de la Nación, se afirmó: “El Estado es una organización criminal, violenta, que vive de una fuente coactiva llamada ‘impuestos’. Los impuestos son un robo”.

Tipos de justicia

Nos parece necesario, entonces, analizar el tema. Siempre se ha considerado que la justicia, como virtud, es dar a cada uno lo suyo, y según la clasificación tradicional hay tres tipos de justicia: la legal o general y la particular, que se subdivide en conmutativa y distributiva.

La justicia legal o general consiste en esa inclinación de la voluntad humana de dar a la comunidad todo lo que le pertenece.

La justicia distributiva consiste en aquella que obliga a repartir los bienes y las cargas proporcionalmente entre los miembros de la comunidad; este tipo de justicia fundamenta la política tributaria de los Estados.

Por último, la justicia conmutativa consiste en inclinar a una persona a dar a sus semejantes, iguales en derechos, lo que les pertenece.

La justicia social no es una nueva e independiente especie de justicia, sino una nueva expresión que comprende conjuntamente la justicia legal y la distributiva.

Más allá de las cuestiones jurídicas, quienes nos guiamos por la tradición del humanismo cristiano sólo tenemos que repasar el catecismo para encontrar la verdad.

La sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada una de las personas conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación. La justicia social está ligada al bien común y al ejercicio de la autoridad.

La justicia social sólo puede ser conseguida en el respeto de la dignidad trascendente del hombre. La persona representa el fin último de la sociedad, a la que pertenece. El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. Sin este respeto, una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia para obtener la obediencia de sus súbditos.

El respeto a la persona humana pasa por el respeto del principio “que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como ‘otro yo’, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente”. Ninguna legislación podría por sí misma hacer desaparecer los temores, los prejuicios, las actitudes de soberbia y de egoísmo que obstaculizan el establecimiento de sociedades verdaderamente fraternas.

Estos comportamientos sólo cesan con la caridad, que ve en cada persona un “prójimo”, un hermano.

Al venir al mundo, el ser humano no dispone de todo lo que es necesario para el desarrollo de su vida corporal y espiritual. Necesita de los demás. Ciertamente hay diferencias entre las personas por lo que se refiere a la edad, a las capacidades físicas, a las aptitudes intelectuales o morales, a las circunstancias de que cada uno se pudo beneficiar, a la distribución de las riquezas.

Existen también desigualdades escandalosas que afectan a millones de hombres y mujeres. La igual dignidad de las personas exige que se llegue a una situación de vida más humana y más justa. Pues las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros o los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y también a la paz social e internacional.

Principio de solidaridad

El principio de solidaridad, que está vinculado directamente con la justicia social, es una exigencia directa de la fraternidad humana. La solidaridad se manifiesta en primer lugar en la distribución de bienes y la remuneración del trabajo. Supone también el esfuerzo a favor de un orden social más justo, en el que las tensiones puedan ser mejor resueltas y donde los conflictos encuentren más fácilmente su salida negociada.

Los problemas socioeconómicos sólo pueden ser resueltos con la ayuda de todas las formas de solidaridad: solidaridad de los pobres entre sí; de los ricos y los pobres; de los trabajadores entre sí; de empresarios y empleados; solidaridad entre las naciones y entre los pueblos. La solidaridad internacional es una exigencia del orden moral. En buena medida, la paz del mundo depende de ella.

En conclusión, la justicia social contribuye al logro del bien común, que es la causa final de la vida social en sus diferentes grados. En cuanto a la definición de bien común político, puede afirmarse, como señaló el papa Pío XI, que es la “paz y seguridad de las cuales las familias y cada uno de los individuos puedan disfrutar en el ejercicio de sus derechos, y al mismo tiempo en la mayor abundancia de bienes espirituales y temporales que sea posible en esta vida mortal mediante la concorde colaboración activa de todos los ciudadanos”.

Miembro de la Academia Sanmartiniana, Centro de Estudios Cívicos

martes, 25 de febrero de 2025

 

A 247 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL

 “PADRE DE LA PATRIA”

Extraído de “Don José y los chatarreros” de Enrique Díaz Araujo (Ed. Diké – Foro de Cuyo – 2001) Los resaltados nos pertenecen.



La vida de don Juan de San Martín, a partir de su instalación como funcionario real en el Río de la Plata, y su posterior casamiento con doña Gregoria Matorras, es sumamente conocida, como para ponerse acá a insistir en ella. Hay, sobre el particular, cuando menos, cuatro excelentes trabajos1, a los que nos remitimos «brevitatis causa». Asimismo, se sabe con certeza que los tres primeros hijos del matrimonio -María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín- nacieron en la Banda Oriental, en la estancia de Calera de las Vacas, donde don Juan era administrador, hasta que fue destinado como teniente gobernador de un Departamento de pueblos de las Misiones Occidentales 2 . En la capital de esas poblaciones, NuestraSeñora de los Reyes Magos de Yapeyú, nacieron los dos hijos menores: Justo Rufino, en febrero de 1876, y José Francisco, el 25 de febrero de 1778.


La familia era muy adicta a la Orden Dominicana, y en su estadía en Buenos Aires don Juan y doña Gregoria se convirtieron en miembros de la Tercera Orden 3 . Quizás por eso, hicieron bautizar a su hija mayor María Elena por Fr. Francisco Cano de la Pera, O.P., en la Banda Oriental, y a los menores en Yapeyú por el mismo fraile. Esto último por un simple motivo. Yapeyú «fue el principal de los diez (pueblos) que tocaron en suerte a la Orden Dominicana (tras la expulsión de los jesuítas) y la capital

de aquellos» 4 Y, como el correntino P. Pera fue párroco de Yapeyú entre 1776 y 1781, lo más natural es que fuera él a quien tocara bautizar a los dos hijos menores del matrimonio San Martín 5 . Como fuere, lo cierto es que al día siguiente del nacimiento del niño, el 26 de febrero de 1778, Fr. Francisco Cano de la Pera, O.P., bautizó a José Francisco San Martín y Matorras, hijo legítimo del teniente Gobernador D. Juan de San Martín y de Doña Gregoria Matorras, siendo padrinos del acto el comerciante de Buenos Aires Don Cristóbal Aguirre y doña Josefa Matorras, pariente de doña Gregoria.6











1

VILLEGAS, Alfredo G., Juan de San Martín (el padre de un libertador), Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, Secretaría de Educación, 1948; TORRE REVELLO, José, Don Juan de San Martín. Noticia biográfica con apéndice documental, Bs.As., Facultad de Filosofía y Letras, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, n° XXXIX, 1927; Don Juan de San Martín. Nuevos documentos para su biografía, Bs.As., «Boletín del

Instituto de Investigaciones Históricas, 1934-1935, n° XVIII, ps. 341-350; El acta de bautismo del padre del Libertador, don José de San Martín, en: «Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas», Bs.As., 1926.

2ver: PICCINALI, Héctor Juan, Viaje de los San Martín a Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, en «Anales de la Academia Sanmartiniana», Bs.As., n° 9, 1978, ps 115 - 124

3.Fr. GONZÁLEZ, Rubén, O.P., El General José de San Martín y la Orden Dominicana, San Miguel de Tucumán, Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, 1998

4Fr. GONZÁLEZ, Rubén, O.P., op.cit., p. 3.

5FURLONG, Guillermo, S.J., Yapeyú y sus párrocos, en: «San Martín», Revista del Instituto Nacional Sanmartiniano, Bs.As., n° 14, marzo-abril 1947, ps. 57-70; cfr. Fr. GONZÁLEZ, Rubén, O.P., El Padre Francisco Cano de la Pera, O.P., bautizador del General San Martín, en: Primer, t° I, ps. 399-412.

6. PASQUALI, Patricia, San Martín. La fuerza de la misión y la soledad de la gloria. Biografía, Bs.As., Planeta, 1999, p.22

domingo, 23 de febrero de 2025

 


DÍA DE LA ANTÁRTIDA ARGENTINA

        Fuente:  https://www.cancilleria.gob.ar/ 


El 22 de febrero de 1904 se inauguró el Observatorio Meteorológico en la Isla Laurie, Orcadas del Sur, que luego sería la Base Orcadas, hito histórico que marcó el inicio de la permanencia ininterrumpida de la Argentina en la Antártida.

Sin embargo nuestra presencia sostenida en la Antártida comenzó antes, en 1902, cuando el Alférez José María Sobral se unió a la expedición sueca de Otto Nordenskjöld. El hundimiento del buque Antarctic de esta expedición llevó a la Argentina a efectuar un exitoso rescate con la Corbeta Uruguay al mando del Teniente Julián Irízar.

Con el paso de los años, se destacaron múltiples expediciones argentinas que fundaron las bases antárticas de nuestro país. Entre muchas otras, cabe mencionar la expedición aérea de la Armada al Polo Sur, con Pedro Margalot; la expedición por tierra al Polo Sur, con Gustavo Giró Tapper y su comandante, el General Jorge Leal, y el primer vuelo transpolar, con Mario Luis Olezza y Gustavo Argentino Marambio.

Con visión de futuro, la Argentina desarrolló una actividad científica pionera desde 1951, cuando fue fundado el Instituto Antártico Argentino, que permitió desplegar el destacado trabajo de sus investigadores. Recién en 1959, con la firma del Tratado Antártico, la ciencia se constituiría a nivel internacional  en el vector de la toma de decisiones en el seno del Sistema del Tratado Antártico.  

En esos tiempos, fueron destacados científicos como el Dr. Rafael Cordini, autor de la primera publicación del Instituto Antártico Argentino, y el glaciólogo César Augusto Lisignoli, e investigadores como Ing. Pedro Skvarca, la Dra. Marta Ghidella, el Dr. Rodolfo Del Valle y el Dr. Alejandro Carlini, quienes continuaron con esta tradición de ciencia de calidad desde el Instituto Antártico Argentino.

Los diplomáticos de la Cancillería argentina defendieron los derechos y el interés de nuestro país en aquella negociación del Tratado Antártico, cuando participaron en la mesa chica de la Conferencia de Washington sobre la Antártida en 1959, donde se elaboró y aprobó el Tratado. Entre los diplomáticos "antárticos" se han destacado los embajadores Juan Carlos Beltramino, Orlando Rebagliati y Horacio Solari. Hoy, la Argentina mantiene un rol activo en los foros del Tratado que resguarda debidamente los derechos de soberanía de la Argentina en el llamado “continente blanco”.

En diciembre de 2019 el Tratado Antártico celebró los 60 años de su firma. Este instrumento ha generado otras normas específicas que hoy integran el "Sistema del Tratado Antártico",  conforme el cual la Antártida es un continente dedicado a la paz y a la ciencia por medio de la cooperación internacional, y tiene a la protección del medio ambiente como uno de sus pilares.

La Argentina está firmemente comprometida con el Sistema del Tratado Antártico y está orgullosa de que Buenos Aires sea la sede de la Secretaría Ejecutiva del Tratado Antártico (www.ats.aq).

Hoy, con renovado entusiasmo, los miembros del Programa Antártico Argentino continúan su tarea, en línea con el desarrollo de una política de Estado que comenzó hace más de 115 años y que ha logrado que un centenar de científicos desarrollen su trabajo en el Continente Blanco  a través de los proyectos del Instituto Antártico Argentino, que son parte del Programa Antártico de nuestro país; de igual modo, esa política de Estado permite el despliegue de personal y medios de las Fuerzas Armadas -coordinados por el Comando Conjunto Antártico- para brindar el apoyo logístico necesario, y posibilita la consolidación de un rol activo de la diplomacia argentina en el Sistema del Tratado Antártico.

lunes, 10 de febrero de 2025

 "LA DEUDA PÚBLICA ARGENTINA"



CONFERENCIA

El miércoles 5 de marzo, a las 19 horas, el Centro de Estudios Cívicos Fabiela Meneghini, presentará al Licenciado Héctor Giuliano, quien dictará una conferencia sobre “Análisis de la deuda pública argentina”.

La temática deviene un tópico central en nuestra actual coyuntura y en perspectiva histórica, se trata de una cuestión axial en la conformación del país que somos, y plantea los principales interrogantes acerca de qué nos espera en el futuro.

El prestigioso disertante es Licenciado en Administración, egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1964.Orientado profesionalmente a Organización/Sistemas y Planificación Económico-Financiera, en la actividad privada.

En forma paralela a su desarrollo profesional está especializado en temas de Geopolítica y Finanzas Públicas.

Desde la década del ´80 ha venido estudiando la problemática de la Deuda Pública y su relación con las Finanzas del Estado y con la Política Económico-financiera Argentina.

Sobre estos temas ha dado conferencias y cursos, así como escrito numerosos trabajos y notas periodísticas.

Es Miembro de la Fundación CREAR (Consejo Regional Estratégico Argentino), del proyecto PAD (Programa Argentino de Desarrollo), del Centro de Estudios Económicos y Monetarios Mariano Fragueiro (CEEMFRA) y de la Academia Argentina de Asuntos Nacionales e Internacionales (AADANI).

Luego de la exposición, los asistentes podrán opinar y efectuar preguntas sobre el tema mencionado. La actividad se realizará en el salón del hotel Felipe II, San Jerónimo 279.


martes, 7 de enero de 2025

 


Del viaje exterior a la peregrinación interior, con los Magos

 

Discurso del papa Benedicto XVI a los jóvenes en Colonia, donde se encuentran las reliquias de los Reyes Magos, 20 de agosto de 2005.



                                       
                                                 La Adoración de los Magos (Giotto)


Benedicto XVI

Brújula cotidiana,  06_01_2025

 

Queridos jóvenes:

 

En nuestra peregrinación con los misteriosos Magos de Oriente hemos llegado  al  momento  que  san  Mateo describe así en su evangelio:  "Entraron en la casa (sobre  la  que  se  había detenido la estrella), vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). El camino exterior de aquellos hombres terminó. Llegaron a la meta. Pero en este punto comienza un nuevo camino para ellos, una peregrinación interior que cambia toda su vida. Porque seguramente se habían imaginado de modo diferente a este Rey recién nacido. Se habían detenido precisamente en Jerusalén para obtener del rey local información sobre el Rey prometido que había nacido. Sabían que el mundo estaba desordenado y por eso estaban inquietos.

 

Estaban convencidos de que Dios existía, y que era un Dios justo y bondadoso. Tal vez habían oído hablar también de las grandes profecías en las que los profetas de Israel habían anunciado un Rey que estaría en íntima armonía con Dios y que, en su nombre y de parte suya, restablecería el orden en el mundo. Se habían puesto en camino para encontrar a este Rey; en lo más hondo de su ser buscaban el derecho, la justicia que debía venir de Dios, y querían servir a ese Rey, postrarse a sus pies, y así servir también ellos a la renovación del mundo. Eran de esas personas que "tienen hambre y sed de justicia" (Mt 5, 6). Un hambre y sed que les llevó a emprender el camino; se hicieron peregrinos para alcanzar la justicia que esperaban de Dios y para ponerse a su servicio.

 

Aunque otros se quedaran en casa y les consideraban utópicos y soñadores, en realidad eran seres con los pies en tierra, y sabían que para cambiar el mundo hace falta disponer de poder. Por eso, no podían buscar al niño de la promesa sino en el palacio del Rey. No obstante, ahora se postran ante una criatura de gente pobre, y pronto se enterarán de que Herodes —el rey al que habían acudido— le acechaba con su poder, de modo que a la familia no le quedaba otra opción que la fuga y el exilio. El nuevo Rey ante el que se postraron en adoración era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de como acostumbramos a imaginarlo.

 

Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos.

 

Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y así cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto:  el poder de Dios es diferente del poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerlo también a él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo (cf. Mt 26, 53). Al poder estridente y prepotente de este mundo, él contrapone el poder inerme del amor, que en la cruz —y después siempre en la historia— sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios.

 

Habían venido para ponerse al servicio de este Rey, para modelar su majestad sobre la suya. Este era el sentido de su gesto de acatamiento, de su adoración. Una adoración que comprendía también sus presentes —oro, incienso y mirra—, dones que se hacían a un Rey considerado divino. La adoración tiene un contenido y comporta también una donación. Los personajes que venían de Oriente, con el gesto de adoración, querían reconocer a este niño como su Rey y poner a su servicio el propio poder y las propias posibilidades, siguiendo un camino justo. Sirviéndole y siguiéndole, querían servir junto a él a la causa de la justicia y del bien en el mundo. En esto tenían razón. Pero ahora aprenden que esto no se puede hacer simplemente a través de órdenes impartidas desde lo alto de un trono. Aprenden que deben entregarse a sí mismos:  un don menor que este es poco para este Rey. Aprenden que su vida debe acomodarse a este modo divino de ejercer el poder, a este modo de ser de Dios mismo. Han de convertirse en hombres de la verdad, del derecho, de la bondad, del perdón, de la misericordia. Ya no se preguntarán:  ¿Para qué me sirve esto? Se preguntarán más bien:  ¿Cómo puedo contribuir a que Dios esté presente en el mundo? Tienen que aprender a perderse a sí mismos y, precisamente así, a encontrarse. Al salir de Jerusalén, han de permanecer tras las huellas del verdadero Rey, en el seguimiento de Jesús.

 

Queridos amigos, podemos preguntarnos lo que todo esto significa para nosotros. Pues lo que acabamos de decir sobre la naturaleza diversa de Dios, que ha de orientar nuestra vida, suena bien, pero queda algo vago y difuminado. Por eso Dios nos ha dado ejemplos. Los Magos que vienen de Oriente son sólo los primeros de una larga lista de hombres y mujeres que en su vida han buscado constantemente con los ojos la estrella de Dios, que han buscado al Dios que está cerca de nosotros, seres humanos, y que nos indica el camino.

 

Es la muchedumbre de los santos —conocidos o desconocidos— mediante los cuales el Señor nos ha abierto a lo largo de la historia el Evangelio, hojeando sus páginas; y lo está haciendo todavía. En sus vidas se revela la riqueza del Evangelio como en un gran libro ilustrado. Son la estela luminosa que Dios ha dejado en el transcurso de la historia, y sigue dejando aún. Mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, que está aquí con nosotros en este momento, beatificó y canonizó a un gran número de personas, tanto de tiempos recientes como lejanos. Con estos ejemplos quiso demostrarnos cómo se consigue ser cristianos; cómo se logra llevar una vida del modo justo, cómo se vive a la manera de Dios. Los beatos y los santos han sido personas que no han buscado obstinadamente su propia felicidad, sino que han querido simplemente entregarse, porque han sido alcanzados por la luz de Cristo.

 

De este modo, nos indican la vía para ser felices y nos muestran cómo se consigue ser personas verdaderamente humanas. En las vicisitudes de la historia, han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han elevado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo lo suficiente para dar la posibilidad de aceptar —tal vez en el dolor— la palabra de Dios al terminar la obra de la creación:  "Y era muy bueno". Basta pensar en figuras como san Benito, san Francisco de Asís, santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Carlos Borromeo; en los fundadores de las órdenes religiosas del siglo XIX, que animaron y orientaron el movimiento social; o en los santos de nuestro tiempo:  Maximiliano Kolbe, Edith Stein, madre Teresa, padre Pío. Contemplando estas figuras comprendemos lo que significa "adorar" y lo que quiere decir vivir a medida del Niño de Belén, a medida de Jesucristo y de Dios mismo.

 

Los santos, como hemos dicho, son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún:  sólo de los santos, sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo pasado vivimos revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, siempre se tomó un punto de vista humano y parcial como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?

 

Queridos amigos, permitidme que añada sólo dos breves ideas. Muchos hablan de Dios; en el nombre de Dios se predica también el odio y se practica la violencia. Por tanto, es importante descubrir el verdadero rostro de Dios. Los Magos de Oriente lo encontraron cuando se postraron ante el niño de Belén. "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre", dijo Jesús a Felipe (Jn 14, 9). En Jesucristo, que por nosotros permitió que su corazón fuera traspasado, se ha manifestado el verdadero rostro de Dios. Lo seguiremos junto con la muchedumbre de los que nos han precedido. Entonces iremos por el camino justo.

 

Esto significa que no nos construimos un Dios privado, un Jesús privado, sino que creemos y  nos postramos ante el Jesús que nos muestran las sagradas Escrituras, y que en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia se manifiesta viviente, siempre con nosotros y al mismo tiempo siempre ante nosotros. Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo dijo:  es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña. El Papa Juan Pablo II, que nos mostró el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos beatos y santos que proclamó, también pidió perdón por el mal causado en el transcurso de la historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia. De este modo, también a nosotros nos ha hecho ver nuestra verdadera imagen, y nos ha exhortado a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la muchedumbre de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente. En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores.

 

La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones. Por eso nos alegramos de pertenecer a esta gran familia que vemos aquí; de tener hermanos y amigos en todo el mundo. Justo aquí, en Colonia, experimentamos lo hermoso que es pertenecer a una familia tan grande como el mundo, que comprende el cielo y la tierra, el pasado, el presente y el futuro de  todas  las  partes de la tierra. En esta gran comitiva de peregrinos, caminamos junto con Cristo, caminamos con la estrella que ilumina la historia.

 

"Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). Queridos amigos, esta no es una historia lejana, de hace mucho tiempo. Es una presencia. Aquí, en la Hostia consagrada, él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios. Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo (cf. Jn 12, 24). Está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a la peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación, y pidámosle a él que nos guíe.

 

Amén.

domingo, 22 de diciembre de 2024

 




CASO BEATRIZ

La Corte Interamericana rechazó la pretensión de reconocer el aborto como un derecho humano


Débora Ranieri

Publicado en Infobae, 22 Dic, 2024 y en el blog "Etica Social" : https://cdbcba.blogspot.com/

Después de una larga espera, el pasado viernes 20 de diciembre, finalmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) con sede en Costa Rica, notificó la sentencia del caso “Beatriz y otros vs El Salvador”, entendiendo que la protección de una madre que atraviesa un embarazo de riesgo y con la concepción de un bebé con anencefalia debe lograrse con protocolos o directivas médicas adecuadas a esa circunstancia. Estas guías médicas, al mismo tiempo, no son incompatibles con una legislación que prohíbe el aborto en el derecho penal y protege la vida desde la concepción en la Constitución, situación en la que se encuentra el Estado salvadoreño.

Sin lugar a dudas, esta decisión constituye un hito trascendente para el derecho internacional de los derechos humanos y para la protección de toda madre e hijo en el seno materno en la región latinoamericana. A pesar de las múltiples presiones de las asociaciones feministas y abortistas que llevaron esto a la Corte (el caso recibió más de 100 Amicus Curiae), cinco jueces de los seis que integran el Tribunal realizaron de modo valiente una interpretación de la Convención Americana fiel a su espíritu y en respeto de la soberanía del Estado salvadoreño.

Varios son los puntos a destacar de esta decisión que conviene tener en cuenta para no malinterpretar el contenido de la sentencia y sus efectos para los Estados que aprobaron la Convención Americana de Derechos Humanos.

En primer lugar, los jueces reconocieron la realidad de los hechos del caso sin tergiversar con mirada ideológica los acontecimientos relevantes. Beatriz luego de tener a su primer hijo en el año 2012 y padecer una enfermedad de base (lupus eritematoso sistémico, nefropatía lúpica y artritis reumatoidea), decidió volver a ser madre quedando embarazada un año después. Al cursar la semana catorce de gestación se diagnosticó que su beba padecía anencefalia.

A partir de allí, varias asociaciones abortistas comenzaron a presionar al sistema de salud salvadoreño para que se le realizara un aborto. Tanto los tribunales judiciales que intervinieron como los Comités médicos, consideraron que había que cuidar la vida y salud de Beatriz al mismo tiempo que el derecho a nacer de su hija. Y así se hizo.

Beatriz dio a luz a la niña a través de una cesárea, le puso como nombre Leilany, la tuvo en sus brazos y cinco horas después la pequeña falleció por su condición vulnerable. Beatriz pudo dar sepultura a su hija y su vida continuó sin dificultad para su salud. Cinco años después Beatriz falleció por un accidente en la vía pública. La Corte reconoce entonces que no hubo nexo causal entre la muerte de Beatriz en 2017 y su embarazo de 2013, por lo que no se afectó su derecho a la vida.

En segundo lugar, se intentó generar que la Corte entendiese que la legislación de El Salvador, al penalizar todo aborto y proteger al niño en gestación, estaría desprotegiendo los derechos humanos de Beatriz. De ningún modo lo entendieron así los cinco jueces del voto mayoritario, considerando que el problema de la cuestión residió en los protocolos de atención para estos casos. De allí que la Corte en sus medidas de garantía de no repetición, pide a El Salvador que establezca protocolos que regulen cómo proceder en casos de embarazo de riesgo.

Conviene resaltar de modo claro que, en ningún párrafo de la sentencia, la Corte requiere a El Salvador cambiar ni su Constitución ni su Código penal. De allí, por lógica jurídica, debe entenderse que la Corte niega la supuesta existencia de un “derecho al aborto” de acuerdo al sistema interamericano de derechos humanos.

En tercer lugar, la Corte niega toda configuración de la figura de ¨tortura¨ en el presente caso, caracterización que fue pedida por la Comisión y varias asociaciones feministas. Llevar adelante un embarazo de riesgo y dar a luz a una hija con anencefalia, de ningún modo puede ser considerado tortura.

Por último, la Corte pone su foco en la necesidad de arbitrar los medios para una correcta atención de la maternidad vulnerable y advierte sobre la posibilidad de violencia obstétrica cuando esa atención desatiende las circunstancias especiales que rodean a estos casos. Reiteramos entonces que esa violencia obstétrica, según la Corte, no es consecuencia de la legislación penal sobre el aborto, sino como efecto de la regulación de las guías de atención médica.

Sin lugar a duda, habrá un antes y un después del caso Beatriz para la protección de los derechos humanos, las consecuencias jurídicas hacia los Estados parte del sistema interamericano son muy importantes, descartándose de modo claro toda posibilidad de instaurar al aborto como un derecho que pueda ser compatible con el sistema de derechos humanos de Latinoamérica.

La Corte entonces se ha pronunciado contra el aborto y a favor de la protección de toda madre y niño en gestación.

Comentario del Ateneo: Es relevante y trascendente esta decisión ya que la Jurisprudencia de la Corte Interamericana está siendo tomada como referencia, a veces obligatoria, en los fallos de nuestra propia Corte Suprema de Justicia